INICIACIÓN

ELISABETH HAICH

 

 

>>La constelación interior que una criatura viviente posee en el momento de su muerte se queda grabada en su alma, y esta alma no puede volver a reencarnarse hasta que, en sus constantes movimientos, la bóveda celeste vuelva a mostrar la misma constelación. Todas la criaturas vivientes que nazcan en el mundo tridimensional en cualquier momento de la eternidad, nacerán con la misma constelación interior que poseían en el momento de la muerte de su vida anterior. […] Sin embargo, toda criatura viviente […] lleva a lo largo de toda su vida la imagen de la constelación del momento de su nacimiento, que está contenida en su rueda individual, oculta bajo las sucesivas transformaciones y desarrollo de su carácter. […] Debido al constante movimiento de la bóveda celeste surge un desfase entre las ruedas, la cósmica y la individual. […] Se van separando lentamente unos de otros, aunque pasado un tiempo pueden volver a acercarse; […] Es también por eso que los seres vivos presentan algunas veces cualidades armónicas, positivas, y otras veces muestran características disonantes, negativas. Y como el destino es la imagen especular del carácter y la consecuencia de los actos, la vida da giros a veces favorables y otras veces poco propicios.<<

 

 

 

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