Entre el otoño y la primavera existe eso que llaman invierno y,

me inventé la excusa perfecta para no dar explicaciones sobre

mi locura acerca del estudio de la hivernación. 

Así, tras varios inviernos bajo cierre de llave, música rompiendo leyes y

muchas galletas con café, marcho por la senda del qué-sé-yo-pero-yo-sé-que,

interminable y larga, más larga que un día sin café.

Pero cuando la radicalidad y su sombrero me lo permitan,

acudiré de nuevo a las madrigueras de los déjà-vu con una sonrisa de temporada.

Salud y buen invierno!

 

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